Hay un animal, o muchos, que quisieron ser representados con una línea y una gran mancha de acrílico negro muy aguado.
Le obedecí a cada uno de ellos, sin juicios, sin preferencias. Así dejé emerger partes instintivas, primitivas, creadoras de fuerza, suaves y feroces.
El buen papel que utilicé, soportó buena cantidad de agua con pigmento, encima del suelo se fue evaporando del agua dejando el regalo de formas mágicas, orgánicas, fortuitas y acertadas. Fue un regalo descubrir esta relación del papel con el agua, con el carboncillo y las ceras. Seguí experimentando en otras series, como en “Sombra”.